Este sanguchito y los lentes son para usted. Lo he visto llegar más de una mañana sin desayuno (el hambre se nota en los ojos) e irse con el diario que bota el del dpto 43 bajo el brazo para leerlo en la casa donde nadie vea que no ve nada (no me diga que no, porque yo hago lo mismo: vestimos el mismo orgullo). Y porque me conozco es que lo conozco a usted y sé que lo habría ofendido si le entrego estos regalos a rostro descubierto. Mejor así. No sea leso, disfrútelos. Como una lluvia inesperada, como un rayito de sol en el invierno.
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