Fumador

Te conocía todas las excusas para bajar, tipo 11:00, al primer piso del edificio a fumar (te veías exquisita cuando te buscabas el encendedor en los bolsillos traseros de tus jeans).
¿Vamos a fumarnos un puchito?, te dije una vez y así te tuve para mí solito todos los días.

¿Por qué te fuiste de un día para otro sin decirle a nadie?
Dejaste la escoba en la oficina de contabilidad y en mí, el mal hábito de media mañana.
PD: Descubrí que fumar aleja a los indeseables y alivia -un poco- el hueco en el pecho que me causó tu ausencia (perdona, recién caigo en la cuenta: por ese entonces era ciego y nunca vi el tuyo)

Comentarios