DE PASARELA

Qué bonita eres.
Hacía tiempo que no veía a alguien tan bonito como tú.
Sé que suena cursi decir esas cosas en estos días, pero no me importa (ni ser cursi ni estos tiempos). Ya pasé por ahí, por esas trampas, por callarme para tener amigos y no tener nada, al fin y al cabo.
Ahora, al menos, aunque solo, me siento más liviano y eso se parece a la compañía.
Eres tan bonita que te regalaría toda la tienda, toda la ropa que admiras en la vitrina cada mañana al pasar (y sí, estoy de acuerdo contigo: te quedarían mejor a ti esas prendas que a esos estrafalarios maniquíes).
Si quieres, te consigo descuento (los empleados tenemos algunas prerrogativas acordes al grado de esclavitud).
Rolando (el guardia)

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