No me deja dormir ver cómo se va tu luz.
Me dices que estás bien, pero yo no te veo brillar.
Me hablas de las bondades de tu nuevo estilo de vida, de las certezas que ahora guían tus decisiones,
pero, insisto: no te veo brillar.
Dices que ahora descubriste la verdad (¿cuál de tantas?) y que has abierto los ojos (¿a qué, paloma triste?) y, en consecuencia, has virado los rieles de tu vida en aquella dirección.
Mientras tanto, yo sufro viendo cómo te alejas de la sonriente que fuiste.
Me hablas de las bondades de tu nuevo estilo de vida, de las certezas que ahora guían tus decisiones,
pero, insisto: no te veo brillar.
Dices que ahora descubriste la verdad (¿cuál de tantas?) y que has abierto los ojos (¿a qué, paloma triste?) y, en consecuencia, has virado los rieles de tu vida en aquella dirección.
Mientras tanto, yo sufro viendo cómo te alejas de la sonriente que fuiste.
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