ROLES

Nunca creí que un plato hecho por ti me conmovería de esta manera.

Los niños -felices- recién bañados y en piyamas, me han plantado un beso y han corrido a acostarse. Sus mochilitas para mañana están listas en la entrada, junto a las colaciones y bolsos deportivos. Me cuentas a la carrera que ya has resuelto el problema de gasfitería, el contrato de internet, la mantención del auto, que alcanzaste a llevar a los pequeños a su control dental y hasta has tenido tiempo de ir al supermercado. Me lanzas un beso seguido de un "Voy volando a responder un mail y vengo a acompañarte".

Y yo me quedo ensimismada mirando mi cena y las lágrimas acuden a mis ojos.

Alguien puede creer que aquí sólo hay un poco de arroz con una hamburguesa y una copa de vino servida.
Pero no se ve la generosidad de tu tiempo
ni tu compromiso reflejado en hechos concretos
ni el silencioso regalo de postergar tus prioridades por las mías
No se ve la entrega infinita de apostarlo todo por mí desde el primer minuto, cuando hace un año te conté la posibilidad de hacer realidad este sueño. Simplemente dijiste "¡Vamos! Yo te apoyo".
Y yo no podía creerlo entonces y ha pasado un año y aún no me convenzo. ¡Qué amor el tuyo, amor! Menuda lección me das.
-¿Y tú? ¿hablando sola?- me dices muerto de la risa. Y me pasas la mano por la espalda, liberándola de todo su peso.

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