Buenas tardes (mi nieto me ha dicho que no se saluda en estas redes para citas ni en ninguna, pero a mí me criaron así), me llamo Emeterio Vivanco y tengo 72 años (a mucha honra. No me quito años ni disimulo mis achaques, eso me viene de mi padre que caminó derecho y con la frente en alto hasta el día de su muerte).
Hace seis años que quedé viudo. Han sido años dolorosos, pero jamás me quebré ante nadie (eso me viene de mi madre, que nunca olvidó de dónde venía y tenía la dignidad de la pobreza que llora en silencio). Pero la que fue mi mujer se me ha aparecido en sueños y me ha agradecido que mantuviera la casa limpia y ordenada y que jamás, incluso en los días más tristes, olvidara regar el jardín ("las hortensias y los pajaritos no tienen la culpa de nuestra pena"). También ha dicho "Mi querido Eme (a las personas que quiero les permito que me llamen así) yo estoy bien y te amo tanto que nada me haría más feliz que vuelvas a ser feliz. Disfruta la juventud de tu vejez, que dura poquito y quédate tranquilo, recuerda que nunca fui celosa, menos lo voy a ser ahora". Por eso le obedezco, por ser ella quien esas palabras pronuncia. Fue sabia criando a nuestros hijos. Fue sabia enseñándome a ser su compañero. Y ahora ha hecho saltar mi corazón, recordándome que estoy vivo.
Esperando que esta carta (mi nieto dice que estos son mensajes, no cartas. No hay quién entienda a los jóvenes de hoy) encuentre una destinataria que desee compartir los días y las noches sin miedo ni vergüenza, me despido atentamente.
Hace seis años que quedé viudo. Han sido años dolorosos, pero jamás me quebré ante nadie (eso me viene de mi madre, que nunca olvidó de dónde venía y tenía la dignidad de la pobreza que llora en silencio). Pero la que fue mi mujer se me ha aparecido en sueños y me ha agradecido que mantuviera la casa limpia y ordenada y que jamás, incluso en los días más tristes, olvidara regar el jardín ("las hortensias y los pajaritos no tienen la culpa de nuestra pena"). También ha dicho "Mi querido Eme (a las personas que quiero les permito que me llamen así) yo estoy bien y te amo tanto que nada me haría más feliz que vuelvas a ser feliz. Disfruta la juventud de tu vejez, que dura poquito y quédate tranquilo, recuerda que nunca fui celosa, menos lo voy a ser ahora". Por eso le obedezco, por ser ella quien esas palabras pronuncia. Fue sabia criando a nuestros hijos. Fue sabia enseñándome a ser su compañero. Y ahora ha hecho saltar mi corazón, recordándome que estoy vivo.
Esperando que esta carta (mi nieto dice que estos son mensajes, no cartas. No hay quién entienda a los jóvenes de hoy) encuentre una destinataria que desee compartir los días y las noches sin miedo ni vergüenza, me despido atentamente.
Comentarios
Publicar un comentario