TERREMOTO

El retrato de mi padre fue lo primero que resbaló, haciéndose añicos. Fue un alivio (el terremoto hizo por mí lo que jamás me habría atrevido). También se estrelló contra el piso el florero marrón (eso me dio un poco de pena, pero no tanta: era precioso, lo había pintado yo misma en una época terrible para mí, así es que, aunque nadie lo entendiera, no le tenía mayor aprecio. Sólo me recordaba de lo que era capaz y de vez en cuando eso me hacía sonreír). Volaron las repisas y los libros, la vajilla, los adornos y todas las fotografías de mi parentela (mis carceleros). Sólo quedamos intactos tú y yo. Tú, con tu sonrisa espléndida, ojos pícaros y ese bigote finamente recortado que hace las delicias de mi cuello. Y yo, acurrucada bajo la cama entre tus brazos, temblando feliz.

Comentarios