Profesor

Estoy hasta la coronilla de todo.
Todo me fatiga: el tráfico, la bulla, los teléfonos celulares, el pavimento por doquier.
No tiene mérito levantar un edificio. Lo es, levantarse cada día.
Y recoger un papel del suelo creyendo que eso hace al mundo un poco menos feo.
Y saludar y despedirse amablemente del último de los últimos empleados de una oficina municipal aunque conteste con un gruñido, sólo porque así soy yo el que se siente menos feo.
Y aclarar tus infatigables dudas, aunque a veces lo que digo lo comprendas poquito, mucho o nada. Y en unos días más vuelvas a preguntar y con total inocencia me obsequies con el mejor regalo que podrías darme: no tenerme miedo. Dostoyevski decía que sólo la belleza puede salvar al mundo. No lo sé. A mí me salva saber que vendrás la próxima semana.

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