Qué tristes son ciertos días tristes, Paula. Quiero decir, hay días tristes comunes y corrientes, como la sopa que viene en polvo. Le pones un poco de agua y ya está, pasa; simplemente pasa. Pero hay otros días tristes un poco más difíciles de digerir y que a veces se vuelven simplemente intragables. Y uno se resiste; una parte de uno al menos quisiera luchar, pero se hace doblemente triste la tristeza sabiendo de antemano que vas a fracasar en el intento de ahuyentarla. Ahora mismo, por ejemplo, he vertido agua sobre ese polvo blanquecino que promete -según dice el envase- "perfumar su cocina con el suave aroma de una crema de espárragos recién hecha". Y quiero mentirme como cada noche desde que no estás, pero no lo consigo. Qué fecha endiablada ésta. No te deja comer ni dormir. Es un dedo inmenso hurgando en la herida hasta el amanecer.
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