Junta de egresados

Soy caído del catre, no hay caso. Seguramente por eso sigo soltero. En cambio tú, estás casadísima y me muestras orgullosa las fotos de tus tres hijos y de tus últimas vacaciones en Cancún con tu marido (¿cómo mierda un tipo así te conquistó?). Y por si fuera poco, muerta de risa, me cuentas que, por años, estuviste enamorada de mí. En un segundo se me congela la risa que seguía a la tuya desde que nos reconocimos. Un ataque de tos llega en mi ayuda y justifica ante todos mis ojos lagrimeando. Las palmadas en la espalda disuelven la dulce burbuja en que estábamos. -Disculpa, voy por un vaso de agua-, digo, y de la cocina paso a la calle. No me despedí de nadie y menos, de ti. No lo habría tolerado.

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